jueves, 21 de mayo de 2020

La narrativa como estructura de la tarea


 

Narrar
Del lat. narrāre.
1. tr. Contar, referir lo sucedido, o un hecho o una historia ficticios.

 
El hecho de dotar a la propia clase —no ya tareas específicas, sino la propia clase— de una estructura narrativa, de un hilo argumental, es una estrategia docente que se puede adaptar fácilmente al enfoque por tareas. 
Es más, el propio enfoque basado en tareas —en aquello que el aprendiente de una L2 “es capaz de hacer” con unos recursos comunicativos, lingüísticos, culturales, etc., en la L2, y no en el conocimiento que el aprendiente tiene de la L2, desligado de lo que puede hacer con este— “pide” una estructura narrativa para su desarrollo. Es precisamente esa estructura narrativa —la contextualización, el punto de vista, la perspectiva, el rol, el tiempo, el espacio o cualquier otro elemento o contenido narrativo que ponga en funcionamiento la tarea— lo que dota de sentido a dicha tarea en tanto que es lo que la conecta con un contexto comunicativo real y práctico, y no meramente teórico.

Esta estructura narrativa de la que es necesario dotar cualquier tarea dentro del proceso de aprendizaje de una L2 puede tener distintos niveles o intensidades: puede ser desde un simple punto de partida o contextualización hasta el propio contenido formal de la tarea. Es aquí, pienso, donde entra en juego el concepto de narrativa transmedia y donde puede tener interesantes aplicaciones en el aula, sobre todo, desde un punto de vista participativo.
En el enfoque por tareas, donde el aprendiente es el elemento central sobre el que gravita todo el proceso de aprendizaje, la participación colectiva es un factor fundamental durante dicho proceso.
Según mi experiencia docente, hay tareas de participación colectiva que potencialmente se pueden aplicar de forma muy fácil a cualquier tarea u objetivo comunicativo. cualquier tarea de creación colectiva, como la realización de un cortometraje, la escritura de un texto común o la elaboración de una tarea creativa, por poner ejemplos muy genéricos, permiten afrontar desde una estructura narrativa, cualquier tarea comunicativa que nos propongamos. 

Pongamos un ejemplo: en un nivel A2, podemos crear un cortometraje en el cual una persona que quiere vender un coche usado tiene que convencer a otra para que lo compre; en un nivel B2, podemos crear un cortometraje en el cual una persona se pregunta qué razones tendrá la persona que quiere vender el coche usado, porque no se fía. Como vemos, partiendo de una misma situación narrativa, estamos trabajando capacidades comunicativas diferentes.

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